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sábado, 12 de mayo de 2012

Pintura Barroca en Italia (tema)

La pintura barroca se posiciona prontamente en contra de lo anterior, determinada por los conceptos sobre el hombre, el individuo, la intimidad, la personalidad, y por los descubrimientos geográficos, astronómicos, ópticos, físicos que además de superar las técnicas de composición, perspectiva, colorido e iluminación, introducen, junto con el descubrimiento del alma individual, un relativismo desconocido hasta entonces.
Esta pintura está transida de las características más significativas del arte barroco en general: movimiento, dinamismo, recargamiento, excesos decorativos, intimismo, sensibilidad exagerada, expresionismo (en el sentido de una atención prioritaria a la expresión de los estados de ánimo de las figuras representadas), misticismo, naturalismo y realismo, populismo, tenebrismo, escorzos, perspectivas descentradas, iluminismos, patetismo, cotidianeidad, teatralidad, dramatismo...
La unidad barroca viene determinada por la subordinación, es decir, una relación fundamental de cada parte con el todo o motivo principal.
En la pintura barroca italiana se distinguen tres corrientes sin una cronología encadenada o estricta: tenebrismo, alternativa clasicista y corriente decorativista. Todos los pintores de la Europa barroca se ven influidos por una o varias de estas corrientes, sin merma de la personalidad propia o de la interpretación singular que cada uno de ellos realice.
Según los dogmas tridentinos conviene que las imágenes sean realistas y naturales, vestidas decentemente y con los atributos que Trento les asigna y que son fácilmente reconocibles por los fieles. Se persigue, además de la decencia, la ausencia de extravagancias anecdóticas, y se impulsan aquellas situaciones en que la santidad, el martirio o la ejemplaridad brillen de modo eficaz de manera que hieran la sensibilidad o declinen al sentimentalismo de los fieles.

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